Debe presentarse el recién nacido a la madre, al padre o al acompañante, con el propósito de favorecer el vínculo afectivo temprano y fortalecer la participación activa de la familia en el cuidado.
Durante este momento, se debe continuar monitorizando la respiración, el color y el tono del recién nacido, y estimular el inicio de la lactancia materna dentro de la primera hora de vida.
Si el niño se encuentra sano y estable, se recomienda no separarlo de la madre durante los primeros 60 minutos, priorizando el contacto piel a piel continuo. Los procedimientos como profilaxis, antropometría y examen físico completo deben postergarse hasta después de este periodo, siempre que la condición clínica lo permita.
En caso de que el recién nacido deba ser separado temporalmente de la madre durante la transición neonatal, debe ubicarse bajo una fuente de calor radiante que, idealmente, debe estar en la misma sala de partos o cirugía, y dentro del campo visual de la madre. Si esto no es posible, se debe realizar la identificación inmediata en presencia de los padres y colocar la manilla con los datos disponibles.
En el caso de un nacimiento por cesárea, mientras se continúa el procedimiento quirúrgico de la madre, se puede realizar las demás medidas de la adaptación inicial (por ejemplo, profilaxis, antropometría, etc.) con el fin de evitar separaciones prolongadas posteriores. Una vez finalizada la cirugía, se debe promover el contacto piel a piel precoz y el inicio de la lactancia materna lo antes posible..